Cali,
Junio de 2006 /// Periódico de la Facultad de Comunicación
Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali
Un
enamorado empedernido
Caruso, El quijote de Florida
Milton Henao
V Semestre - CS
En un lugar de Florida de cuyo nombre no quiero acordarme,
Caruso pasa en su caballo de acero diciéndole todos
los piropos posibles a sus dulcineas.
Este quijote, tiene como escuderos a sus innumerables y muy
particulares sombreros, que fabrica con materiales reciclables
y otros tantos que compra con el poco dinero que puede llegar
a conseguir.
Su caballo es una bicicleta vieja y fea que le ayuda a cabalgar
durante sus interminables batallas de la vida, de las cuales
logra sobrevivir con la ayuda de la gente de su pueblo y el
asilo donde vive.
Su lanza es un palo con el cual enfrenta al gran batallón
de moscas que lo rodean para posarse en él, y disfrutar
de su fragante aroma; sin embargo, él logra sortear
la situación y sale triunfante como siempre.
A diferencia del Quijote de Cervantes, éste posee varias
armaduras construidas en tela y de distintos colores que lo
prote-gen en sus cruzadas e interminables bata-llas, utilizando
una para cada expedición.
De igual forma no tiene una si no varias dulcineas
Caruso recorre diariamente las calles de Florida en su bicicleta
logrando tran-sitar todo el pueblo durante el día hasta
llegar de nuevo a su hogar.
En
medio de su loca percepción de la vida, afirma que
tiene casa y familia pero no le gusta hablar de este tema.
Es por ello que su verdadero lugar de resi-dencia y su procedencia
es un misterio, como también qué lo impulsa
a fabricar aquellos sombreros tan vistosos que lo volvieron
uno de los personajes más famosos del pueblo.
Cuando pasa por las calles muchos le gritan «Caruso
como está la Luna», y él, como todo un
filósofo de la vida responde: «está amarilla
y fría» porque para Caruso el sol es la luna
que sale de día y es de color amarillo.
Su vida transcurre en medio de sus interminables viajes al
espacio producidos por la «maracachafa» que consume
y que lo inspira para desempeñarse como el pensador
más loco del municipio, y aunque hay otros tantos como
él, Caruso goza del cariño de la gente que se
divierte al entablar particulares tertulias en medio de las
hermosas tardes floridanas.
Es tan popular que aunque no goza de una figura de modelo,
ha posado para muchas fotografías y ha sido portada
de varios calendarios del pueblo, producto de su fama loca
y su amplia trayectoria como ciudadano.
«El es muy chistosito», dicen las mujeres víctimas
de sus piropos. Aunque es insistente al molestar las doncellas,
ellas lo aceptan porque no es vulgar, y por el contrario,
sus palabras son dulces, de amor y con acento de poeta francés.
Caruso sigue hoy conquistando la dulcineas de Florida, recorriendo
las calles hablando de filosofía y viajando al más
allá con la maracachafa que consigue en el más
acá.
Por ahora, los floridanos esperan ansiosos el próximo
sombrero que lucirá orgulloso por las calentanas calles
de nuestro municipio.