Cali,
Junio de 2005 /// Periódico de la Facultad de Comunicación
Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali
Un
barrio de altura Alcanzando una estrella
Claudia P. Muñoz
VI Semestre
Comunicación Social
Desde La Estrella se ve todo ese Cali que está abajo.
Un barrio donde la gente te saluda sin preguntar quién
eres, dónde los niños te sonríen y salen
corriendo; donde cada persona tiene una historia que contar,
una historia que se le cierra a la ciudad porque nadie se
atreve a subir.
Encima de un tanque de agua, hay una estrella como la de David,
hecha con tubos de metal y piola, que ha reposado allí
por más de diez años. Cada 7 de diciembre, día
del alumbrado en Colombia, mientras la Cali de abajo mira
el pesebre que refleja Siloé con sus luces, los del
barrio La Estrella encienden la esperanza y dejan que todo
el mundo se guíe con su luz.
Allí vive el émulo de Robert de Niro. Viste
jeans y gafas oscuras. Se llama Luis Alfredo Bedoya y es el
encargado de 33 mil m2, que abarcan el Polideportivo donde
hay una piscina semi-olímpica, juegos, dos canchas
y un quiosco, sostenidos con mil pesitos que paga la gente
para entrar.
Al
frente funciona la Casa de la Juventud, donde los jóvenes
en las noches cambian su tiempo libre por un lápiz
y un cuaderno para terminar su bachillerato acelerado.
Otros en también dejan las peleas y los gritos, para
empezar a hacer Hip Hop en un salón pequeño
con unos 20 pupitres, frente un tablero en blanco donde se
proyectan películas. Todos esos espacios son creados
para fomentar la cultura en el barrio.
Contiguo a éste lugar se encuentra el Ancianato donde
hay decenas de cabecitas blancas. Los viejitos hacen bolsas
de papel para ganar algo y poder comprar la papita del día.
Están en un cuarto lleno de imágenes religiosas,
carteleras con oraciones pegadas, encomendándole sus
años al señor para que no los sigan llamando
paramilitares, guerrilleros, ni les sigan adjudicando que
todo lo malo que pasa en la ciudad.