Cali, Junio de 2005 /// Periódico de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali



Caminar, odisea de los invidentes
Cali: Un braile mal escrito

De Sur lo sacó la marihuana. Este joven invidente va a fútbol en el Pascual y nos cuenta cómo puede reconocer ciertos lugares de la ciudad.

Darnelly Vera García
Sexto semestre CSP
vdarnelly@hotmail.com

Caminar por nuestra ciudad ya es algo difícil, pero hacerlo siendo invidente es una verdadera hazaña de proporciones bíblicas. Hay que “ver” con el oído.

Al quedar ciego siendo niño, Mauricio Giraldo tuvo que aprender a “ver” con el oído. Con este sentido, sabe por donde va, y cómo es la gente de ese lugar. “Cali es muy bullosa; hay demasiado ruido. Se nota la gente muy acelerada, cómo todos quieren hacer las cosas muy rápido. Cali es una ciudad muy azarosa”, dice.

Para este estudiante de sociología en la Universidad del Valle, la parte más ruidosa de la ciudad es el centro. “Si me quedara dormido y despertara allí, sería fácil reconocer en dónde estoy, debido a la cantidad de ruido”, afirma.

Sin embargo, a pesar de ser el centro muy grande, él puede determinar en donde está. Para la plaza de Caicedo, por ejemplo, tiene una manera especial de reconocerla. “Hay muchos loteros y uno los puede escuchar, pero también el piso es diferente. Los baldosines se pueden reconocer al pisarlos”.

Aunque la Plazoleta de San Francisco, entre el templo y la Gobernación tiene unos baldosines parecidos, él también puede orientarse y saber en donde está. “Son parecidos pero el espacio es más abierto y el sonido diferente. Además siempre se escuchan las palomas volar sobre la cabeza”.

Claro que las experiencias sonoras más especiales para este aficionado del fútbol han pasado en el Pascual. Una vez se metió a un partido del América a la tribuna sur. “Pero el ambiente era muy pesado”, cuenta, y desde entonces asiste a Occidental.

De Sur lo sacó la marihuana y el peligro general, aunque dice que era más emocionante y la gente sentía más. Ahora en Occidental, se sienta a escuchar con el radio, pero sólo se emociona cuando hay un gol, sin “madriar” a los jugadores ni al árbitro por una mala decisión o un gol errado.

Ha jugado con el alcalde Polo, y dice que es muy buen jugador. “El man es un duro. Juega mucho”, añade este mediocampista que se encarga de hacer los pases de gol en el fútbol 5 para ciegos.

Pero vivir la ciudad no ha sido fácil para Mauricio. Hace un par de años, cruzaba junto a un amigo la calle, guiados por el semáforo sonoro. “Pero un “man” se pasó el semáforo en rojo y a mi compañero lo atropelló el carro. Sencillo.”

Cursa octavo semestre y como va todos los días a la universidad, se vuelve parte de la gente que transita por esos lados. “Cuando llego al paradero los vendedores ya me conocen y me dicen: -Tranquilo que yo le aviso cuando venga el bus-", comenta.

Para saber en donde se debe bajar, cuenta los giros en las esquinas y las elevaciones de los puentes. “Así es como calculo dónde me bajo", explica.
Pero en las calles, ya tiene también otras rutas aprendidas. Los semáforos, los puentes peatonales, las escaleras, y hasta los huecos, son como un texto en braile para que los invidentes puedan desplazarse de un lugar a otro.

"Uno mentalmente se va haciendo un mapa, de la ruta y de los obstáculos, pero eso también es un problema”. Mauricio explica que en los centros comerciales hacen ferias que les impiden caminar. “Cuando hay Uniferia, todo lo ponen en los corredores. Entonces cuando esto pasa, uno se pierde; ya no puede caminar por esos sitios”.

Es así como los invidentes ya tienen ciertos patrones aprendidos que les permite hacer parte de la sociedad y vincularse en ella, aunque en algunos casos quienes los rodean no sean sus mejores aliados, convirtiendo a Cali en un braile mal escrito, difícil de interpretar.

"A Cali le falta cultura para la discapacidad o para ayudar a cualquier persona; parece que nosotros hemos perdido ese sentimiento. Yo creo que Cali es una ciudad donde todos nos volvimos egoístas, absolutamente todos", concluye.


Otras informaciones

Reggeteca, la pasión de aguablanca

El trabajo está en lo alternativo

La gente debe controlar los medios


Pipico, una leyenda del estadio


El ocaso del "Santo Varón"


Medio siglo huyendo del baño


Entre la motosierra y el conocimiento

América, hora del redescubrimiento

Drama de un minero sin trabajo

Inicio

UTÓPICOS


Santiago de Cali, Colombia 2005