Cali, Junio de 2005 /// Periódico de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali



Drama de un minero sin trabajo
“Yo no sé hacer nada más”

Adolfo Ochoa Moyano
Décimo semestre CS

Las garantías de trabajo para muchos mineros del Cerro de la Bandera son casi nulas. Para don Alfredo no existen.

El reloj suena exactamente a las 4:30 de la mañana. Don Alfredo Herrera se prepara el café sin colar que lo ayuda a despertarse. Espera a que Angelina, su mujer desde hace 23 años, caliente las arepas y frite los huevos para el desayuno antes de ir a bañarse, aunque él no tenga ningún lugar a donde ir.

Hace un mes a don Alfredo le cancelaron el contrato que tenía como obrero en una empresa minera que explota la veta de carbón, la cual existe en uno de los cerros tutelares de Cali: el Cerro de la Bandera ubicado al oeste de la cuidad.

“Fuimos varios los despedidos. Cuando yo entré a trabajar allá hace 17 años éramos 127 mineros, sacábamos carbón para una compañía que lo exportaba, ahora quedan solamente 28 y eso que no todos están haciendo labores de peones por que ya no se saca el carbón del país”, dijo don Alfredo.

La CVC está actualmente encargada de controlar la comercialización del carbón que es extraído de la zona ya que el carbón del Cerro de la Bandera no cuenta con el Plan de Manejo Ambiental de la CVC ni con la autorización de Minercol.

Los mineros no han sido desalojados en su totalidad. Algunos aún continúan trabajando en la mina, aunque ninguno de ellos cuenta con garantías de que mantendrá su empleo por mucho tiempo más.

El contrato de trabajo de don Alfredo fue cancelado al anunciarse la ilegalidad de la explotación del carbón, además de la propuesta de construcción de un ecoparque. El ex minero de 54 años y mirada melancólica sólo pudo pedir que no lo echaran porque “yo no sé hacer nada más.”

Sin embargo, ese hombre bonachón no se quiere rendir aún. Sigue madrugando como cuando tenía un empleo, sólo que ahora ya no tiene un lugar al cual llegar tan temprano en la mañana. Su destino cada día es incierto igual que su meta: tratar de encontrar un lugar en donde le reciban esa hoja de vida que reza en el espacio de experiencias laborales “17 años como minero en el Cerro de la Bandera”.

La oscuridad aún reina afuera. Todavía no pasan de las 5:30 de la madrugada. Don Alfredo ya está listo y bien desayunado. Con sus toscas manos acostumbradas al pico y la pala acaricia la mejilla de su mujer y le promete que hoy sí va a llegar con un trabajito. Aunque en el fondo sabe que le está mintiendo.


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