Cali, Junio de 2005 /// Periódico de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali



El ritmo del Distrito
Regueteca, otra pasión caleña

Natalia Arboleda Rivadeneira
Sexto semestre CS-P
nathaliebroad737@hotmail.com

Son las siete de la noche y estoy rodeada de cantidad de mujeres y hombres con las pintas más alocadas. La verdad es que en otro ambiente ver pantalones “cacheteros”, chanclas o niñas embarazadas que fuman, sería un acto imprudente, insensato, pero en el Distrito de Aguablanca o mejor dicho, en la Reggueteca, todo esto se vale…

¿Qué es la regueteca?, me preguntaba ansiosa, mientras hacía la fila para poder entrar al polideportivo de El Diamante. – Ay mamita; la regueteca es palo de rumba.- ¿Palo de rumba?, le digo. –Sí, es una rumba bacana. Se ven tipos, bebemos, y bailamos sin que los progenitores se den cuenta – decía una bella mulata enorme, que no pasaba de los 16 años.

“La regueteca me llama,” grita exasperada una joven, después de ser requisada y pagar los $2.000 para entrar; luego corre con dos amigas hacia la caseta de la rumba; el lugar está muy lleno y el espacio para bailar es muy reducido.

Pero eso no importa. La música los tiene agitados; están emocionados. Ni aun bañados en sudor se detienen, pues bailan lo más juntos posibles. Aquí se vale los movimientos más atrevidos, los desconocidos, el más original, el exótico o extravagantes. El más popular es el frote continuo y frenético de la pelvis. Suben y bajan, de izquierda a derecha sin cesar.

El objetivo principal es difundir o promocionar aquellos géneros o la cultura que no tienen ninguna difusión en las emisoras radiales. “Lo importante de las reguetecas es concientizar a la gente, empaparlos de toda esa cultura chévere”, me explicaba, “Suave”, un peluquero que se metió a organizar este evento y quien lleva 7 años con las reguetecas.

Los domingos de 6 a 11 de la noche, ya sea en El Diamante, Calipso o “en el descubrimiento” (Cristóbal Colón) podemos observar la mayor unificación de la cultura hip-hop, ragga, ska y el buen golpe, entre otros; una de las formas más evidentes de integrar a los guetos (barrios) del distrito.

Llevo más de una hora en el interior y las puertas ya están cerradas. Hombres y mujeres suplican que los dejen entrar, argumentando a los porteros que es necesaria su presencia. -¡Dejame entrar, que yo soy amigo de Polo!-, dicen unos. -Todo bien mi five (socio, parcero). Llamame al organizador que es amigo mío-.

La gente arrebatada empuja las puertas que los dejaron por fuera de la rumba, que ya está en su mejor momento. ¿Y si es una regueteca, qué pasa con el regguetón, que está tan pegado en Cali? Aquí no he sentido algo similar o que se le parezca.

“No, el regguetón aquí no se pone ni se escucha; aquí se oye “ragga muffin”, música de negros, jamaiquina”, opina David Lujan, “Shedda”, integrante del dúo Artefacto y quien es infaltable en esta reunión.

¿La música es de negros? Pero David no es negro; entonces me explica que él no sólo viene a bailar; su asistencia al lugar es ineludible a oír la música, la cultura de los negros, de la cual todos poseemos.

Janeiro, un negro de cabello rasta y acento de Guachené, también integrante del grupo, afirma: “Lo que pasa es que estamos en el gueto, en el distrito, en Colombia,

Latinoamérica; pero todos somos África, todos somos unidos”. Él nos recordó que también tenemos la misma sangre, sólo que en diferentes continentes y diferentes países, “no olviden retroceder al pasado y buscar en sus orígenes”, dice.

A las 11:00, si la cosa ha estado en orden, regalan media horita más. Entonces viene lo mejor, el rato más intenso y frenético al compás del definitivo “himno” de Aguablanca. “Negra del trasero grande, baila, baila”, dice la canción y todos están como locos, toman a su pareja para sacudir el cuerpo con un frenesí muy intenso, casi al borde de la locura colectiva.

Al salir, el cordón policial es largo; quieren cuidar que no pase nada. Todos caminan y se oyen los comentarios: -Que relajo-, dice una joven que camina torcida, aletargada por el alcohol. El resto es como pasar el dial de un radio de AM: “Unas niñas, mami...” “Mucha chinga (menor de edad)”. “Lo mejor del Distrito, mi amor”...

Si tiene ganas de “sanduguear” (bailar), venga que aquí está el tumbao, el sabor sin discriminación alguna; es la reunión del Distrito de Aguablanca; recuérdenlo muy bien, la unificación del Distrito “y a mucho honor”.


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