El ritmo del Distrito
Regueteca, otra pasión caleña
Natalia
Arboleda Rivadeneira
Sexto semestre CS-P
nathaliebroad737@hotmail.com
Son
las siete de la noche y estoy rodeada de cantidad de mujeres
y hombres con las pintas más alocadas. La verdad es
que en otro ambiente ver pantalones “cacheteros”,
chanclas o niñas embarazadas que fuman, sería
un acto imprudente, insensato, pero en el Distrito de Aguablanca
o mejor dicho, en la Reggueteca, todo esto se vale…
¿Qué
es la regueteca?, me preguntaba ansiosa, mientras hacía
la fila para poder entrar al polideportivo de El Diamante.
– Ay mamita; la regueteca es palo de rumba.- ¿Palo
de rumba?, le digo. –Sí, es una rumba bacana.
Se ven tipos, bebemos, y bailamos sin que los progenitores
se den cuenta – decía una bella mulata enorme,
que no pasaba de los 16 años.
“La
regueteca me llama,” grita exasperada una joven, después
de ser requisada y pagar los $2.000 para entrar; luego corre
con dos amigas hacia la caseta de la rumba; el lugar está
muy lleno y el espacio para bailar es muy reducido.
Pero
eso no importa. La música los tiene agitados; están
emocionados. Ni aun bañados en sudor se detienen, pues
bailan lo más juntos posibles. Aquí se vale
los movimientos más atrevidos, los desconocidos, el
más original, el exótico o extravagantes. El
más popular es el frote continuo y frenético
de la pelvis. Suben y bajan, de izquierda a derecha sin cesar.
El
objetivo principal es difundir o promocionar aquellos géneros
o la cultura que no tienen ninguna difusión en las
emisoras radiales. “Lo importante de las reguetecas
es concientizar a la gente, empaparlos de toda esa cultura
chévere”, me explicaba, “Suave”,
un peluquero que se metió a organizar este evento y
quien lleva 7 años con las reguetecas.
Los
domingos de 6 a 11 de la noche, ya sea en El Diamante, Calipso
o “en el descubrimiento” (Cristóbal Colón)
podemos observar la mayor unificación de la cultura
hip-hop, ragga, ska y el buen golpe, entre otros; una de las
formas más evidentes de integrar a los guetos (barrios)
del distrito.
Llevo
más de una hora en el interior y las puertas ya están
cerradas. Hombres y mujeres suplican que los dejen entrar,
argumentando a los porteros que es necesaria su presencia.
-¡Dejame entrar, que yo soy amigo de Polo!-, dicen unos.
-Todo bien mi five (socio, parcero). Llamame al organizador
que es amigo mío-.
La
gente arrebatada empuja las puertas que los dejaron por fuera
de la rumba, que ya está en su mejor momento. ¿Y
si es una regueteca, qué pasa con el regguetón,
que está tan pegado en Cali? Aquí no he sentido
algo similar o que se le parezca.
“No,
el regguetón aquí no se pone ni se escucha;
aquí se oye “ragga muffin”, música
de negros, jamaiquina”, opina David Lujan, “Shedda”,
integrante del dúo Artefacto y quien es infaltable
en esta reunión.
¿La
música es de negros? Pero David no es negro; entonces
me explica que él no sólo viene a bailar; su
asistencia al lugar es ineludible a oír la música,
la cultura de los negros, de la cual todos poseemos.
Janeiro,
un negro de cabello rasta y acento de Guachené, también
integrante del grupo, afirma: “Lo que pasa es que estamos
en el gueto, en el distrito, en Colombia,
Latinoamérica;
pero todos somos África, todos somos unidos”.
Él nos recordó que también tenemos la
misma sangre, sólo que en diferentes continentes y
diferentes países, “no olviden retroceder al
pasado y buscar en sus orígenes”, dice.
A
las 11:00, si la cosa ha estado en orden, regalan media horita
más. Entonces viene lo mejor, el rato más intenso
y frenético al compás del definitivo “himno”
de Aguablanca. “Negra del trasero grande, baila, baila”,
dice la canción y todos están como locos, toman
a su pareja para sacudir el cuerpo con un frenesí muy
intenso, casi al borde de la locura colectiva.
Al
salir, el cordón policial es largo; quieren cuidar
que no pase nada. Todos caminan y se oyen los comentarios:
-Que relajo-, dice una joven que camina torcida, aletargada
por el alcohol. El resto es como pasar el dial de un radio
de AM: “Unas niñas, mami...” “Mucha
chinga (menor de edad)”. “Lo mejor del Distrito,
mi amor”...
Si
tiene ganas de “sanduguear” (bailar), venga que
aquí está el tumbao, el sabor sin discriminación
alguna; es la reunión del Distrito de Aguablanca; recuérdenlo
muy bien, la unificación del Distrito “y a mucho
honor”.
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