La soledad lo acompaña en su vejez
EL OCASO DEL “SANTO VARÓN”
Nicole
Joana Calderón C.
Cuarto semestre CS-P
Nicjoa2002@hotmail.com
El
más popular, religioso de la historia de Cali, se encuentra
en el ocaso de su vida, completamente solo. La ciudad a la
que ayer socorrió en uno de sus momentos más
críticos y por la que hubiese dado su vida, lo relegó
a un pequeño espacio en el baúl de los recuerdos.
Los homenajes, reconocimientos y tributos que ayer adornaban
su gloria como ciudadano ejemplar, hoy sólo son evocaciones
en la memoria de Cali y la del “Santo Varón”.
La
fama del padre Alfonso Hurtado Galvis empezó la madrugada
del 7 de Agosto de 1956, cuando un fuerte estruendo sacudió
la ciudad. Era la explosión de cuarenta y dos toneladas
de dinamita, situadas en la antigua estación del Ferrocarril
del Pacífico, causando la muerte de miles de caleños.
Entre
el olor de la pólvora, de muerte, gritos, la multitud
y los socorristas, un hombre luchaba por salvar la vida de
los que aún estaban sin auxiliar. Tres días
y tres noches duró el “Santo varón”
atendiendo la catástrofe, días en los cuales
hizo las veces de paramédico, rescatista y consejero
espiritual.
Sin
embargo, aún guarda la pena en su corazón, de
no haber hecho más por los caleños que perecieron
el incidente; pues que como él mismo dice: “Ojalá
hubiera podido haber hecho mucho más, pero las circunstancias
fueron difíciles”.
Son
pocas las personas que han estado allí en las adversidades
de su vida; como en la enfermedad de su única hermana
Alba Hurtado, tiempo en el cual Lilly González una
amiga cercana, lo vio como un hombre más que a un religioso.
“Era alguien que sufría y se desesperaba por
sentirse impotente ante los mandatos divinos que amenazaban
con llevarse a la única persona que fue su compañía
durante toda una vida y que le mostraba cuán solo se
estaba quedando.” Afirma.
Desde
la muerte de su hermana Alba; la única familiar que
aún le quedaba viva y que veló por su bienestar
toda su vida, la soledad ha sido su única compañía
en los largos días de su vejez, los compañeros
de antaño lo observan con compasión, pues atrás
quedó la época en que el padre Alfonso Hurtado
Gálvis, ofreció misa en La Catedral de San Pedro
y condujo su legendario programa La Voz del Prójimo.
Tal
y como cuenta Jaime Echeverri Loaiza, director de Radio Súper,
al padre Hurtado lo escuchaban hasta en Venezuela, pues la
gente llamaba a contar sus problemas y él los aconsejaba
y regañaba.
Era
tan grande la influencia del padre Hurtado, que según
Echeverri, maldijo una emisora llamada “Radio Tigre”,
porque se inauguró un Jueves Santo programando música
tropical, en épocas (mediados de los setenta) en los
que en Cali se respetaba mucho los Días Santos y sólo
se escuchaba en la radio música clásica.
“El
padre, que siempre se ha caracterizado por ser muy tradicionalista
y respetuoso de las cosas de Dios, maldijo la emisora por
su irreverencia a los días santos y ésta sólo
duró tres años al aire”, cuenta Echeverri.
Hoy,
a sus 80 años de edad, aún realiza algunas de
sus actividades cotidianas, pero el peso de los años,
de la tristeza por la muerte de su hermana y sus constantes
quebrantos de salud, lo han convertido en un anciano débil
con pasos lentos, pero firmes con los que aún recorre
la ciudad que lo vio nacer, por la que trabajó toda
su vida y la que muy probablemente lo verá morir.
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