Cali, Junio de 2005 /// Periódico de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali



La soledad lo acompaña en su vejez
EL OCASO DEL “SANTO VARÓN”

Nicole Joana Calderón C.
Cuarto semestre CS-P
Nicjoa2002@hotmail.com

El más popular, religioso de la historia de Cali, se encuentra en el ocaso de su vida, completamente solo. La ciudad a la que ayer socorrió en uno de sus momentos más críticos y por la que hubiese dado su vida, lo relegó a un pequeño espacio en el baúl de los recuerdos.

Los homenajes, reconocimientos y tributos que ayer adornaban su gloria como ciudadano ejemplar, hoy sólo son evocaciones en la memoria de Cali y la del “Santo Varón”.

La fama del padre Alfonso Hurtado Galvis empezó la madrugada del 7 de Agosto de 1956, cuando un fuerte estruendo sacudió la ciudad. Era la explosión de cuarenta y dos toneladas de dinamita, situadas en la antigua estación del Ferrocarril del Pacífico, causando la muerte de miles de caleños.

Entre el olor de la pólvora, de muerte, gritos, la multitud y los socorristas, un hombre luchaba por salvar la vida de los que aún estaban sin auxiliar. Tres días y tres noches duró el “Santo varón” atendiendo la catástrofe, días en los cuales hizo las veces de paramédico, rescatista y consejero espiritual.

Sin embargo, aún guarda la pena en su corazón, de no haber hecho más por los caleños que perecieron el incidente; pues que como él mismo dice: “Ojalá hubiera podido haber hecho mucho más, pero las circunstancias fueron difíciles”.

Son pocas las personas que han estado allí en las adversidades de su vida; como en la enfermedad de su única hermana Alba Hurtado, tiempo en el cual Lilly González una amiga cercana, lo vio como un hombre más que a un religioso. “Era alguien que sufría y se desesperaba por sentirse impotente ante los mandatos divinos que amenazaban con llevarse a la única persona que fue su compañía durante toda una vida y que le mostraba cuán solo se estaba quedando.” Afirma.

Desde la muerte de su hermana Alba; la única familiar que aún le quedaba viva y que veló por su bienestar toda su vida, la soledad ha sido su única compañía en los largos días de su vejez, los compañeros de antaño lo observan con compasión, pues atrás quedó la época en que el padre Alfonso Hurtado Gálvis, ofreció misa en La Catedral de San Pedro y condujo su legendario programa La Voz del Prójimo.

Tal y como cuenta Jaime Echeverri Loaiza, director de Radio Súper, al padre Hurtado lo escuchaban hasta en Venezuela, pues la gente llamaba a contar sus problemas y él los aconsejaba y regañaba.

Era tan grande la influencia del padre Hurtado, que según Echeverri, maldijo una emisora llamada “Radio Tigre”, porque se inauguró un Jueves Santo programando música tropical, en épocas (mediados de los setenta) en los que en Cali se respetaba mucho los Días Santos y sólo se escuchaba en la radio música clásica.

“El padre, que siempre se ha caracterizado por ser muy tradicionalista y respetuoso de las cosas de Dios, maldijo la emisora por su irreverencia a los días santos y ésta sólo duró tres años al aire”, cuenta Echeverri.

Hoy, a sus 80 años de edad, aún realiza algunas de sus actividades cotidianas, pero el peso de los años, de la tristeza por la muerte de su hermana y sus constantes quebrantos de salud, lo han convertido en un anciano débil con pasos lentos, pero firmes con los que aún recorre la ciudad que lo vio nacer, por la que trabajó toda su vida y la que muy probablemente lo verá morir.


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