Cali, Junio de 2005 /// Periódico de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali




Sálvenme del ECAES
La motosierra del conocimiento

Charly Brown

Mi calvario empezó la mañana que escuché hablar sobre el ECAES. Ese día, una docente bajita y de voz gangosa hacía de nigromante; profetizaba lo que pasaría. -Ya me cagué en mi futuro-, pensé.

La angustia nació entonces. Yo estaba en cuarto semestre, y aunque la cosa se diluyó un poco con el tiempo, no desapareció, sino que volvió ahora y con más fuerza, cuando ya estoy en noveno y me toca presentar el examen el mes entrante.

En los últimos días la angustia se hace más fuerte. Siento ahogos y taquicardia, estoy a punto de la diarrea, no duermo en las noches y cuando lo hago, veo a la docente bajita y de voz gangosa que me ataca con una motosierra. Me dice: "Perdiste" y se pone a citar autores.

Autores que detesto y me ponen los pelos de punta, como ese Jesús Martín Barbero con sus consumos culturales que me importan un pepino. En realidad lo que a mi me importa es la comunicación en la empresa; por ejemplo, leer a Pizzolante me excita, mientras que a la profesora de voz gangosa le produce cólicos que le retuercen el cuerpo de pies a cabeza.

Es que en realidad la palabra ECAES me sabe cacho de diablo, ya no soporto escucharla una vez más, y cuando lo hago me dan ganas de vomitar, de enloquecer hasta matar, pero solo logro refugiarme en las esquinas mas recónditas de la universidad, donde lo único que se escucha es sobre “Control de Calidad”.

Es que ni entre las tinieblas de los sótanos se deja de escuchar ese término que se ha convertido en el pan de cada día de mis compañeros. Al parecer a ellos les encanta, la boca se les hace agua; hablan y hablan como si fueran el mismo Martín Barbero.

Es por eso que quisiera ser como Edwar, fresco como una lechuga, pues el examen le importa un comino. Hasta dice que este examen es como el Icfes: suerte y solo suerte. Pero ese no es mi estilo, ni tampoco el de Andrés que pretende llenar su pequeña cabeza de información como el disco duro de un computador, porque lo que importa son los conocimientos.

Conocimientos que me están matando lentamente, al igual que un profesor que es “amigo” intimo de Fidel, que se ha convertido en el militante numero uno de el Ecaes. El amigo de Fidel me tortura cada vez que puede, amenazando a diestra y siniestra a todo el que puede: “ya quiero ver el resultado del Ecaes para publicar en una cartelera bien grande el nombre de los que lo perdieron”.

Me produce terror pensar que voy a estar incluida en esa lista; la piel se me eriza y en ese mismo instante vienen a mi mente los recuerdos de aquellas pesadillas donde la profesora bajita de voz gangosa me ataca con una motosierra.

Es que de llegar a perderlo lo único que pediría es que ella misma me cercenara de pies a cabeza con su motosierra, desgarrándome venas, órganos y entrañas, en lugar de soportar la humillación de aparecer en la inmensa cartelera del amigo de Fidel.



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