Sálvenme del ECAES
La motosierra del conocimiento
Charly
Brown
Mi
calvario empezó la mañana que escuché
hablar sobre el ECAES. Ese día, una docente bajita
y de voz gangosa hacía de nigromante; profetizaba lo
que pasaría. -Ya me cagué en mi futuro-, pensé.
La
angustia nació entonces. Yo estaba en cuarto semestre,
y aunque la cosa se diluyó un poco con el tiempo, no
desapareció, sino que volvió ahora y con más
fuerza, cuando ya estoy en noveno y me toca presentar el examen
el mes entrante.
En
los últimos días la angustia se hace más
fuerte. Siento ahogos y taquicardia, estoy a punto de la diarrea,
no duermo en las noches y cuando lo hago, veo a la docente
bajita y de voz gangosa que me ataca con una motosierra. Me
dice: "Perdiste" y se pone a citar autores.
Autores
que detesto y me ponen los pelos de punta, como ese Jesús
Martín Barbero con sus consumos culturales que me importan
un pepino. En realidad lo que a mi me importa es la comunicación
en la empresa; por ejemplo, leer a Pizzolante me excita, mientras
que a la profesora de voz gangosa le produce cólicos
que le retuercen el cuerpo de pies a cabeza.
Es
que en realidad la palabra ECAES me sabe cacho de diablo,
ya no soporto escucharla una vez más, y cuando lo hago
me dan ganas de vomitar, de enloquecer hasta matar, pero solo
logro refugiarme en las esquinas mas recónditas de
la universidad, donde lo único que se escucha es sobre
“Control de Calidad”.
Es
que ni entre las tinieblas de los sótanos se deja de
escuchar ese término que se ha convertido en el pan
de cada día de mis compañeros. Al parecer a
ellos les encanta, la boca se les hace agua; hablan y hablan
como si fueran el mismo Martín Barbero.
Es
por eso que quisiera ser como Edwar, fresco como una lechuga,
pues el examen le importa un comino. Hasta dice que este examen
es como el Icfes: suerte y solo suerte. Pero ese no es mi
estilo, ni tampoco el de Andrés que pretende llenar
su pequeña cabeza de información como el disco
duro de un computador, porque lo que importa son los conocimientos.
Conocimientos
que me están matando lentamente, al igual que un profesor
que es “amigo” intimo de Fidel, que se ha convertido
en el militante numero uno de el Ecaes. El amigo de Fidel
me tortura cada vez que puede, amenazando a diestra y siniestra
a todo el que puede: “ya quiero ver el resultado del
Ecaes para publicar en una cartelera bien grande el nombre
de los que lo perdieron”.
Me
produce terror pensar que voy a estar incluida en esa lista;
la piel se me eriza y en ese mismo instante vienen a mi mente
los recuerdos de aquellas pesadillas donde la profesora bajita
de voz gangosa me ataca con una motosierra.
Es que de llegar a perderlo lo único que pediría
es que ella misma me cercenara de pies a cabeza con su motosierra,
desgarrándome venas, órganos y entrañas,
en lugar de soportar la humillación de aparecer en
la inmensa cartelera del amigo de Fidel.
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